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Amarrar los egos para construir país

Por Guillermo González Uribe

Necesitamos afinar las voces y afinar los medios. No basta con informar o con gritar.

Necesitamos conocer cada día más lo que ocurre en las entrañas de este país, para poder contarlo en forma tal que llegue a muchos oídos, a muchas conciencias y a muchos corazones, a través de medios que cada día lleguen a más personas, y que esas personas en lugar de ser receptores pasivos, se conviertan en multiplicadores de ideas, reflexiones, creaciones y acciones.

Necesitamos que nuestro pensamiento y nuestro trabajo respondan a ese conocimiento profundo del entorno, y que aprehendamos y aprendamos más de los lenguajes creativos que cada uno de nosotros maneja.

No basta con tener la razón o no tenerla, o tenerla a medias. Se ha repetido que los senderos del arte están llenos de cadáveres de obras que se quedaron a mitad del camino, porque así sus intenciones fueran buenas, no alcanzó el impulso de conocimiento y creación para convertirlas en piezas maravillosas que llegaran a muchos espacios y que perduraran en el tiempo.

¿Cómo podemos contribuir desde la reflexión, el arte y los medios a superar esta profunda crisis por la que atraviesa el país?

¿Cómo superar la soledad y la impotencia ante tanta ignominia, ante tanta mentira, ante tanta farsa?

Aunque la crisis viene de tiempo atrás, en el presente cercano se remonta a la violencia de los años cuarenta del siglo pasado, y se concreta hoy en el destape masivo del genocidio paramilitar que en los últimos años arrojó el asesinato de cerca de 30 mil colombianos.

Ese destape ha llevado a que aquello que muchos conocíamos o intuíamos, hoy se difunda en los medios masivos de comunicación. Pero además de difundirse, se justifica el accionar criminal, y tal como lo señaló un encuesta de la revista Semana a comienzos del mes de mayo pasado, una parte importante de la opinión publica ?que es la que mueve la opinión y la política en el país?, llega inclusive a justificar el genocidio y a señalar que era el único camino de combatir a la guerrilla.

Sigamos por este camino. ¿Cómo es posible que más de un 70% de la opinión pública esté de acuerdo con un presidente que ha entregado parte de las empresas nacionales al capital privado, que ha recortado dominicales, horas extras, festivos y pensiones a grandes capas de la población asalariada; un presidente que personalmente y a través de los integrantes de su equipo de gobierno insulta a sus opositores, los difama y los manda a la picota pública para que caigan en manos de quienes los amenazas o los asesinan? ¿Un presidente que ha tenido una posición genuflexa frente a Estados Unidos, siendo, por ejemplo, el único país del sur de América que apoyó la invasión a Irak, y que marcha en contravía de las corrientes de independencia y pensamiento propio que hoy recorren esta parte del mundo? ¿Un presidente sobre el cual cada día crecen más las dudas nacional e internacionalmente por su cercanía y la de su círculo más estrecho con el paramilitarismo asesino?

Para cuestionar esta aberrante realidad no bastan la descalificación, la crítica despiadada o el dardo certero que apenas rozan a quien hoy encarna esta política, el presidente Uribe. Y desde la simple racionalidad tampoco se puede comprender este fenómeno. Es necesario ir al fondo para entenderlo, hacer como el mecánico que desbarata la maquinaria del aparato, y sólo cuando la conoce de verdad, a fondo, es capaz de volverla a armar a su antojo. Y es necesario ser capaces de ir al fondo de las situaciones, así duela, para desentrañar orígenes, causas y consecuencias que las provocan para buscar soluciones reales y posibles.

Lo que cada vez resulta más claro es que un sector de la clase dirigente prefiere crear grupos asesinos, mantenerlos y ocultarlos antes que ceder un ápice de su poder. Un sector de la clase dirigente, hoy en el poder, aliada con el paramilitarismo y el narcotráfico que utiliza las Fuerzas Armadas del Estado para reprimir la protesta social mediante el asesinato selectivo y las masacres.

Así mismo, existe una guerrilla que despertó simpatía en muchos en los años 70 por la justeza de sus luchas, pero que en el desgaste de la guerra ha caído en prácticas inhumanas, como el asesinato, las masacres, el secuestro y las alianzas con el narcotráfico –cuyos dineros corrompen todo lo que tocan? para mantener su poder y el control sobre diversas regiones, y que hoy es una excusa para el accionar asesino del poder y se ha convertido en lastre para el avance de las fuerzas progresistas democráticas.

De otra parte, existe una masa crítica, un sector analítico de la población, en crecimiento, que ve con claridad la situación nacional y que es consciente de la necesidad de una salida negociada al conflicto.

Pero también es cierto que la mayoría de la población está obnubilada por el accionar del presidente Uribe, un ser inteligente, un indiscutible líder de derecha, que sabe manejar el discurso y los medios, y que cuenta con el apoyo de buena parte de los medios masivos de comunicación.

La pregunta entonces es, ¿cómo lograr llegar cada vez más a sectores más amplios de la población con ideas, obras y acciones que logren permear las conciencias y cambiar el equilibro de fuerzas?

No basta informar. De información estamos llenos. Es necesario fortalecer y crear canales y medios de comunicación que posibiliten el diálogo, la discusión, la creación, la exposición de puntos de vista diversos, de miradas transversales de la realidad. Que den paso a voces divergentes, a historias, planteamientos, análisis que permitan ver con mayor claridad la realidad que vivimos y las posibles salidas a las crisis. Que, además, no muestren sólo el desastre que nos arrasa sino también las riquezas de nuestra cultura, de nuestras gentes y de nuestro territorio, y de lo que nos estamos perdiendo, lo que se está destruyendo a causa de la guerra, de la intransigencia y de esas miradas excluyentes que empobrecen la existencia del ser humano.

Existen tres caminos concretos para lograr difundir y consolidar el pensamiento y la creación alternativa. Es imperativo consolidar los pocos medios independientes que existen en el país. Así mismo, apropiarse de ese relativamente nuevo medio que es Internet, y por último, penetrar, hasta donde sea posible, y masivamente, los medios de comunicación. No basta con hacer esfuerzos en uno solo de estos sentidos; es necesario combinar las tres acciones para que a mediano plazo logremos ese añorado cambio de correlación en las fuerzas de opinión que mueven el país.

En cuanto a los medios independientes, es labor de todos y cada uno de nosotros que nuestros medios funcionen. Que sean más hermosos, atrayentes y masivos. Que lo que digamos tenga la claridad, la fuerza y la belleza necesarias para dejar algo en aquellos a quienes lleguemos. Que seamos cada vez más profesionales en el manejo de estos medios para que no sólo sobrevivan sino que se conviertan en algo así como puntas de lanzas que lleguen lejos y con eficiencia y penetren y perduren.

Crear redes entre estos medios para que se multiplique lo que dicen, y que sean abiertos para que más gente pueda participar en ellos. Que el público se sienta partícipe y parte de estos medios. Que los apropie.

Hay que hacer hincapié en la necesidad de superar la informalidad en el trabajo en estos medios, para que sean más profesionales y eficientes.

En cuanto a Internet, es una posibilidad ilimitada de llegar a muchos sectores de la población, no sólo en el país sino en todas partes del mundo, con esas ideas, propuestas, obras y reflexiones. Hay que apropiarse de Internet. Un solo ejemplo, en el caso nuestro, de revista Número, hemos venido creando un correo masivo que tiene hoy 18 mil direcciones, y espichando una sola tecla podemos llegar a esas 18 mil personas con la información que queremos difundir. Pero este es un ejemplo casi ridículo, frente a lo que es la capacidad de Internet.

En el caso de Estados Unidos, los blogs o páginas personales han llegado a tener tanto poder que han logrado ya la caída de varios funcionarios de la administración pública.

Es cierto que la red está llena de basura, pero también que muchas cosas importantes están pasando por Internet. En Colombia el pensamiento alternativo aún no ha visto la importancia y las gigantescas posibilidades de utilización que tiene este medio para quienes consideran que otros mundos son posibles.

Sobre los medios masivos, sabemos que en su mayoría sirven a los intereses del poder establecido. Pero también es cierto que en diversos países las poderosas redes de usuarios de los medios llegan a incidir en sus contenidos.

El llamado es a bombardear esos medios a diario con opiniones, conceptos e informaciones divergentes. La participación de la sociedad civil es la única que puede contribuir a cambiar el rumbo de estos medios.

Un aspecto adicional es que en este mundo globalizado ya no se puede mantener oculto lo que un sector dirigente quiera hacer aisladamente con el país al que gobierna. En el caso colombiano, donde la administración del presidente Uribe despectivamente deja a un lado las opiniones y las críticas de los nacionales, lo único que de verdad la toca, por ahora, y la ha movido, son las críticas y los planteamientos de políticos y medios de Estados Unidos. Por tanto también es necesario multiplicar y difundir esos planteamientos al interior del país, pues contribuyen a mostrar que las críticas no provienen de sectores aislados y resentidos, como les gusta señalarlos, sino que son compartidas por poderes tan grandes como la bancada demócrata en Estados Unidos o medios tan influyentes como el Washington Post y el New York Times.

Hay algo que engloba todo lo anterior. Nuestra labor, la de periodistas, artistas e investigadores pasa por contribuir a la construcción de ciudadanía, de tejido social; a la consolidación del pensamiento crítico, de organizaciones, de redes. Solos no hacemos nada. Solos somos como briznas de arena que se lleva el viento. Unidos podemos contribuir a dar forma a movimientos sociales, políticos y de opinión que logren torcer el rumbo del desangre de este país.

Pero para ello es necesario superar los individualismos cerrados, amarrar los egos para controlarlos, superar las rencillas personalistas que tanto nos desgastan, hacer alianzas, trabajar en llave, dejar a un lado los hegemonismos, consolidar un sector cultural fuerte, maduro, lleno de diferencias en los enfoques, en los planteamientos, en los puntos de vista, pero unido y afianzado en el propósito común de construir un país más amable para todos, en el que podamos convivir dentro de la diferencia sin matarnos por ella. De esta forma podremos ofrecer caminos alternativos a tantas personas que piden salidas, orientación para no quedarse rumiando solas su ira.


Guillermo González Uribe nació en Bogotá en 1955. Es comunicador social con especialización en opinión pública y tiene un postgrado en gestión cultural de la Universidad de Barcelona. Es uno de los periodistas con mayor experiencia en la coordinación editorial y dirección de medios culturales, entre los que se pueden mencionar el Magazín Dominical del Espectador y la Revista Gaceta de Colcultura. Fue creador y actualmente se desempeña como director de la Revista Número, y es el Presidente de la Asociación de Revistas Culturales Colombianas ARCCA. Según Eduardo Arias ha sido uno de los primeros periodistas de este país que han articulado el tema de la cultura al del conflicto armado y los procesos sociales del país. Desde los varios espacios de comunicación en que ha estado, Guillermo, ha hecho visibles infinidad de manifestaciones de la cultura popular, que en gran medida han sido la base para que en Colombia el periodismo cultural mantenga una alta cota de dignidad a pesar de las crisis económicas que afectan a los medios.

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