Manifiesto escrito en un campo de tiro
Por Armando Orozco
Cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad,
como lo estoy de los dioses y de los reyes
Mika Waltari
Queridos amigos:
Ahora cuando la realidad es una bomba de 500 kilos de TNT, descubrimos con más pena que asombro la urgencia de comenzar a vivir de verdad porque todos los días nos dicen sin sonrojo los dueños del poder que hemos equivocado el camino y que hemos extraviado el guión de la fatídica película o que nos vendieron un boleto de ida pero sin regreso hacia un lugar remoto donde refundimos el patrimonio mal aprendido a representar de la revolución.
Ahora que se nos acabó la plata, la paciencia y el siglo en que fuimos casi inútiles para poder transformar todo esto sin haber terminado de sacar la mitad de la nariz de la matriz sonrosada del cisne, nos asalta otra vez la pregunta leninista, ¿Qué hacer? -!Nada¡,responden algunos o los más del sistema a esta afirmación de embalsamados entre los signos de ahorcado y gritos ante nuestra propuesta de volver a inventar otra vez la realidad señalándola con un enorme dedo filosofal y justiciero a sabiendas de que por encima de sus cabezas pasan las grúas paracas de todos los matices.
Hoy prestos a inaugurar otro milenio de rabia e indignación, nos atrevemos a decretar al Amor como la única reforma constitucional verdadera para este territorio, asegurando también que quemaremos en el horno crematorio de nuestro corazón cansado de violencia el recuerdo de 500 años de infamia y muerte sin resurrección y declaramos desde ya a la Poesía como la más alta expresión del arte de la vida y único testimonio de la existencia del hombre y las mujer sobre este planeta.
Prometemos lo más pronto embarcarnos en la nave de los sueños posibles eclipsados hasta hoy por tanta estupidez gubernamental y oligárquica uribista y afirmamos que desde esta nada creadora seguiremos con toda tenacidad pensando en una solución pacifica para este universo de exterminio donde es más fácil morirse que nacer todos los días.
Es por eso, que los poetas no debemos olvidar que si tenemos enemigos ocultos y destapados en torno a todas nuestras fronteras de dignidad y lucha y que debemos lo más prontamente posible erradicar de nuestras precarias existencias la vulgaridad de la indiferencia y el olvido de nuestro compromiso con el pueblo, como le suele ocurrir a una gran mayoría de "pensadores y creadores" palaciegos de última hora en el panorama sin fin de la tragedia nacional.
Sin duda seremos capaces de tolerar la mendicidad y la vulgaridad de la indiferencia, pero no los tiros por la espalda que duelen más y hacen más daño que los verdaderos tiros de la oligarquía y el imperio, porque vivimos en un país que no acaba de hacerse ni de deshacerse a pesar de los goles TLC , que nos meten a diario desde el Paramento, ni de los malos versos que se escriben y se dicen en los recitaderos nacionales, ni tampoco de la dinamita diaria que nos meten diariamente debajo del gallinero.
Esperamos que la Poesía termine de descender a estos infiernos como un inmenso globo de colores sobre un país edificado en la mentira para que el Dios animador de su fuerza ennoblezca con su presencia la suerte de las cosas más viles que a diario ocurren a nuestro alrededor como fosas comunes sin respuesta.
Pero mientras llega el momento de las astromelias y las trinitarias, dejemos en lo más alto del instante a la Poesía para que ella comience a realizar su modesta pero imprescindible tarea de limpieza en el alma de todos nosotros.
Armando Orozco Tovar nació en Bogotá en 1943. Es Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, Cuba. Obras publicadas: Asumir el tiempo (1980); Las cosas en su sitio (1983); Eso es todo (1986); En lo alto del instante (1990); Para llamar a las sombras (1994) y Visiones (1999). También se ha desempeñado como pintor, catedrático, periodista, y como conferencista y coordinador de los Talleres de Poesía de la Casa de Poesía Silva. Desde 1993, coordina el Taller de Cuento de la Universidad Externado de Colombia. |