Estocolo, 1 de agosto de 2007
Estimado Harold:
He recibido copia de la versión sueca de tu carta abierta a Fernando Rendón, fechada el 17 de julio de 2007. Como sugieres, en el mensaje de envío, que dicha versión sueca es "para su difusión", creo que es mi obligación explicarte por qué no voy a difundir ese documento aquí en Suecia. Mi demora en enviarte esta carta se explica porque he gastado casi dos semanas en meditar el asunto, no solamente para evitar caer en la precipitación, que siempre es mala consejera, sino porque quiero formular mis ideas de manera que no impliquen ninguna ofensa personal.
En primer lugar, Harold, tengo muy serios reparos hacia el contenido de tu carta abierta. Las preguntas que formulas a Fernando Rendón y que se refieren a su pertenencia a un partido político, a sus posibles postulaciones a cargos de elección popular y a su ideología, no me parecen aceptables para una mentalidad demcrática, tanto más cuanto que el partido político aludido no es ilegal ni en Suecia ni en Colombia. Si es verdad que este tipo de preguntas es habitual en Colombia para descalificar a un individuo, aquí en Suecia se consideran ilegítimas y limítrofes con una violación del principio constitucional de libre asociación. En lo que a mí respecta, no quiero participar, ni directa ni indirectamente en esta forma de interrogatorios, que me parece más propia de los métodos del señor MacCarthy, o de los que yo mismo tuve que sufrir en varios países de América Latina, en algún caso con picana eléctrica aplicada a los testículos y las orejas.
En segundo lugar, y en directa relación con lo que acabo de exponerte, la pregunta sobre si Fernando Rendón "denigra de los gobiernos colombianos" en sus visitas al exterior, me parece igualmente inaceptable. Yo he luchado durante toda mi vida por la libertad de expresión, que incluye naturalmente el derecho de expresar opiniones adversas contra gobiernos propios o ajenos, en cualquier parte del mundo, independientemente de cuáles sean esas opiniones o esos gobiernos. Comprenderás, por esto, que no puedo ayudarte a difundir esta pregunta, ni en sueco ni en español, en ningún país.
En tercer lugar, la pregunta sobre si Fernando Rendón conoce o no conoce a ciertas personas, y sobre qué opina de ellas, me deja perplejo. No sé lo que hay detrás de la pregunta. Ignoro si es bueno o malo conocer a esas personas. Ignoro cuál es la opinión que se debe tener sobre ellas para no merecer tu desaprobación. Todavía más: ignoro los antecedentes que motivan la pregunta, de manera que ignoro si tu desaprobación es justa o injusta. Creo, por lo tanto, que la pregunta no está planteada en términos claros y explícitos, y que impone a los lectores una cierta exigencia implícita de estar de acuerdo contigo a priori, sin elementos de juicio, lo que me parece inaceptable.
En cuarto lugar, tu pregunta sobre si Fernando Rendón "trató de manera desobligante y en vida (a) José Manuel Arango, o al poeta disidente y homosexual Gabriel Jaime Caro", me parece que está planteada con gran ingenuidad. Todos, absolutamente todos los seres humanos adultos, hemos tratado de manera desobligante a alguien en el curso de nuestras vidas. Lo que habría que explicar es por qué es especialmente grave haber tratado de manera desobligante precisamente a las personas que nombras y en qué circunstancias ocurrió este hecho.
En quinto lugar, todo el conjunto del interrogatorio, que incluye sin duda cuestiones interesantes, como las que se refieren al manejo de recursos del Festival de Medellín, está formulado de manera tan agresiva, tan pobre de datos precisos y de pruebas concretas, que pierde su valor en esta discusión pública que has entablado con Fernando Rendón. Tal vez, si hubieras formulado todo de manera pedagógica, explicando antecedentes y aportando pruebas y evidencias, informando con detalle sobre tus dudas y reparos en lugar de hacer una serie de preguntas, estableciendo claramente cuál es el objeto de tus ataques (¿el Festival de Medellín? ¿el Partido Comunista? ¿la persona de Fernando Rendón?) y, sobre todo, evitando toda expresión antidemocrática, toda actitud inquisitorial sobre militancia política y toda pretensión de descalificar a los opositores que "denigran" del gobierno, tal vez, digo, podrías haber logrado crear un documento de nivel, de altura, digno de discusión y de difusión en todas partes.
Ahora bien: todavía, si no existieran todos estos reparos que te he mencionado, sería absolutamente imposible para mí difundir la versión sueca de tu carta abierta. ¿Por qué? Sencillamente porque esa versión sueca es idiomática y gramaticalmente desastrosa. No sé quién te ayudó con la traducción del español al sueco, pero debo decirte que esa persona te estafó miserablemente. Los errores de traducción y el manejo del idioma sueco son tan lamentables, que la difusión de semejante texto en Suecia solamente va a provocar risa y descrédito a costa tuya. El traductor ha convertido personas inteligentes (smarta) en personas dolorosas (smärta), la invocación de un derecho constitucional en una plegaria religiosa (helig begäran) y ha traducido "postular" a "postulera", lo que es, hablando amablemente, una cretinada. Y estos son solamente tres ejemplos de las muchas barbaridades idiomáticas del texto. Y es que ninguna persona seria traduce hacia el idioma extranjero: el traductor honrado traduce del idioma extranjero hacia su lengua materna. Lo demás es charlatanería.
Si en algo valoras la opinión de un amigo, Harold, atiende mi opinión: no difundas este documento en Suecia. Su contenido te hará aparecer como un enemigo de los valores democráticos, tan respetables en este país, y su forma te hará objeto del ridículo y del desprestigio.
Esto es lo que tengo que decirte. No te pido perdón por mi franqueza, porque el amigo no debe jamás pedir perdón por su franqueza, que es la obligación primordial del amigo.
Recibe mis saludo más afectuoso,
Carlos Vidales
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