Grande fue mi sorpresa al recibir antier el menasaje reenviado por un amigo de la revista Arquitrave que usted direge con el rótulo, "Los intelectuales, los diputados, los secuestrados"... Un "copiar-pegar" que lejos de mostrar un deseo de imparcialidad o de esclarecimiento denota simple y llanamente una mala escondida intención de sembrar cizaña.
Me parece decepcionante y vergonzosa la manipulación que allí se hace de la imagen introductoria al "copiar-pegar", la imagen de una foto del poeta Fernando Rendón, a la izquierda de las fotos de los once diputados que fueron vilmente muertos y lo más grave el billete de "500 Euro". Muchas lectura pueden hacerse de este "collage" pero todas van en detrimento de un personaje! No le parece a usted esta una actitud que también viola la ética de la comunicación. Nada más parecido a una escalada difamatoria; se sienten y se ven las intenciones malévolas en este mensaje subliminal. Con toda franqueza le digo que sencillamente es un gran abuso el que ha hecho de su hasta ahora respetable Ventana al Mundo que ha sido Arquitrave.
Eduardo Escobar y Oscar Collazos entre otros intelectuales y artistas brillaron por su ausencia y por ende por su silencio en el Encuentro Nacional de Arte y Poesía por la Paz de Colombia. En Medellín, lo que hubo fue una convocatoria abierta, sin embargo fueron ellos, los ausentes, los primeros en arengar desde sus tribunas contra esta carta que detrás de "su estilo asezante" no tiene ningún frío cálculo, ni encubre ni calla la acción deplorable de ningún grupo armado que protaginice la actual y deplorable guerra de nuestro país, la Carta de los intelectuales y de los artistas por la paz de Colombia, adolece en resumidas cuentas, de la contundente claridad política y ética de los escritores antes citados, que son sumamente coherentes en el discurso, pero incoherentes en sus actos si la lucidez con la pluma es un goce y un arma individual esgrimidos para contrarestar los deseos positivos de la colectividad. (Por qué estos escritores nos privaron de su presencia y de su participación)
Es mentira que "la carta excluya a algún sector de la izquierda; ni a demócratas que repudían toda clase de violencia". Tal aseveración resulta por el contrario tendenciosa si la carta se lee sin los prejuicios amañados de una opinión caprichosamente sesgada. A objeción ética están sobre todo sujetas todas las posiciones que en este momento de nuestra historia pretendan eclipsar y debilitar los esfuerzos pacíficos, civiles y espirituales que los colombianos emprendamos para acceder al verdadero ejercicio del poder democrático.
De otra parte veo con extrañeza la descalificación que el escritor Oscar Collazos le hace a la carta por el hecho de que ella pretenda hacer de la paz de Colombia un proyecto político. Para su información no solo la paz de Colombia, la paz del planeta entero es hoy por hoy una utopía, que solo puede concebirse desde un proyecto político. Si aun podemos aspirar a una opción para la "inmensa humanidad", ésta solo podrá ser vislumbrada y gestada desde el arena política, será solo desde este estadio generalizado que aun podremos darle un sentido a la deriva de la especie, y es solo desde un verdadero proyecto político democrático, que los colombianos podremos autodeterminarnos y tomar las riendas del destino del país.
Muchos de los artistas e intelectuales que firmamos la carta no compartimos, y nos negamos a heredar los remordimientos y errores políticos de las generaciones anteriores que enarbolaron las banderas de aquellas utopías que por una u otra razón dieron al traste. Es por ello que las cuentas, las pugnas pendientes, las secretas rencillas, las envidias, los resquemores que aun existen entre las generaciones más experimentadas deberían por el bien del país ser elaboradas y zanjadas por las partes en cuestión, es una responsabilidad generacional. De nada vale quedarse el resto de la vida en el círculo infernal de rasgarse las vestiduras o hacerse el haraquiri por los hechos del pasado. Nosotros pensamos que estos lastres tenemos la obligación de convertirlos en asunto del pasado, ellos no pueden continuar siendo el impedimento, ni el fantasma que nos petrifique; inmovilice y hasta nos arranque o aleje de nuestro sueño, de nuestro deseo urgente de justicia, de paz, de dignidad y de libertad aquí y ahora. Nosotros queremos la vida y no aceptamos los excepticismos, los nihilismos y las naúseas.
Necesitamos sí, la reflexión, la crítica participativa, el aporte que siente bases y se dirija a enmendar errores y a construir y a modelar columnas sólidas. El alcance de la palabra es inmedible por ello hago un llamado a quienes tienen el poder y los medios para hacer juicios de estar a la altura del momento histórico, un movimiento se halla en los primeros comienzos, es un momento que tenemos que aprovechar para hacer convergir las voluntades, las energías, la experiencia, el conocimiento, la sensibilidad, la tolerancia, la esperanza y el amor! Vivimos una coyuntura en la que tenemos que lograr el entendimiento o por lo menos realizar concensos y conciliaciones después de tanta desunión, después de tanta infamia, después de tanta sevicia y cinismo. Desviar la atención, dispersar los ánimos, desechar las propuestas, echar por tierra el trabajo y el esfuerzo de los otros es una actitud cobarde.
El país vive la antesala de una mutación, es menester que los más experimentados no opongan resistencias y que por el contrario, propicien y favorezcan con su serenidad y madurez este proceso de transformación es un esfuerzo supremo que debemos intentar con inteligencia, con tacto, con sensatez, con delicadeza, con protección pero también con determinación y templanza.
Catalina Montes
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