Queridos amigos: los últimos
acontecimientos en el país, entre los cuales incluyo por supuesto el Encuentro
Nacional de Arte y Poesía por la Paz de Colombia (y sus actuales consecuencias,
retos y tareas), los artículos de Eduardito y Collazos, las canalladas de
Tenorio y, cómo no, el vil asesinato de los diputados del Valle (que incluye a
su vez el clamor nacional e internacional por el ojalá irrefrenable Acuerdo
Humanitario) tienen la ventaja (dolorosa pero necesaria) de que nos obligan a
un mayor deslinde del que hizo el documento que sirvió de partida de nacimiento
al Movimiento Nacional que ya está en curso. En eso la columna de Collazos dio
en el clavo (aunque él se equivocó de manera flagrante y perversa al señalar a
los firmantes del documento como amigos todos de la lucha armada), y ya el
Festival Internacional de Poesía marcó su propio deslinde respecto al secuestro
y a la posición de las FARC y del gobierno. Pero ojo: ese deslinde no puede
instalarnos de manera definitiva en la dolorosa coyuntura y hacernos perder de
vista que lo que queremos es otro modelo de Estado y por supuesto de gobierno,
y no podemos permitir que la discusión se centre de manera exclusiva en la
actual tragedia, pues olvidaremos entonces que la verdadera tragedia es no
encarar los problemas del porvenir. En otras palabras: que no sean el dolor y
la rabia por todo lo que está pasando los que terminen por servir de base a
nuestro pensamiento. De otro modo: que la coyuntura no venza sobre nuestro
sueño, y que no sea ésta la que resquebraje de manera definitiva la perspectiva
de un Movimiento que tiene que poner por encima de toda consideración la paz,
de la cual depende el destino de la nación.
Gabriel Jaime Franco
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