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Debate

Julio 01 de 2007


Colombia

Reflexiones en torno a la paz

En una reciente reunión de intelectuales y escritores colombianos, convocada para escuchar lecturas de cuentos, poemas y ponencias magistrales sobre la paz, se concluyó con una declaración que muestra la indignación de los firmantes con los crímenes del paramilitarismo y del estado pero nada se dice de los crímenes cometidos por los grupos guerrilleros. Al conocer el borrador de la declaración, le hice saber a algunos de los asistentes al encuentro que no la firmaría porque no compartía su redacción sesgada y polarizante y porque más parecía una declaración política contra Uribe que un llamado de los intelectuales al acuerdo humanitario para liberar a los secuestrados y a la paz negociada del conflicto. "Ni siquiera en una asamblea del Polo Democrático Alternativo sería aprobada esa declaración", les dije a esos amigos en una mesa del restaurante del hotel. Su texto restaba y dividía en lugar de sumar.

Aunque muchos escritores e intelectuales importantes, que nada tienen de subversivos, la firmaron, yo no lo hice porque he llegado a la convicción de que el papel de los intelectuales en situaciones de conflicto como la nuestra es el de ser mediadores para buscar soluciones negociadas. El de anteponer los valores del humanismo a los intereses particulares de las ideologías. El de ser objetivos en la crítica y no divulgadores de verdades establecidas en los comités de partido. El de ser enemigos de la guerra y del crimen como fórmula de solución de las diferencias. El de sentir el dolor de las víctimas y los deseos de paz de la mayoría de los colombianos. Y guardar distancia de las partes beligerantes para tener autoridad moral para criticar o apoyar algunas de sus actuaciones y posiciones.

Con esas convicciones me atrevo a decir que la experiencia de más de cuarenta años de guerra es un argumento más que contundente a favor de la tesis de que no es posible una solución revolucionaria por ese medio y menos con procedimientos como el secuestro y asesinato de civiles, que son rechazados por la población y por amplios sectores de la izquierda democrática. Pero el hecho de que el gobierno no haya podido doblegar a la insurgencia armada indica que tampoco él puede imponer a perpetuidad un sistema que no ha resuelto los problemas sociales y políticos que le dieron origen a esa insurgencia y menos con medidas laborales lesivas para los trabajadores y con la connivencia de funcionarios públicos con el narcotráfico y con grupos armados de extrema derecha. En mi modesta opinión no veo solución a la guerra y al problema social en el enfrentamiento de los extremismos de izquierda y de derecha, ni en el poder político de ninguno de los dos. Ambos deben ceder en sus pretensiones y abrirle paso a una negociación que conduzca a un nuevo estado democrático que responda a la filosofía de la Constitución del 91 y que tenga como objetivo fundamental satisfacer las necesidades básicas de la población y promover el desarrollo independiente del país y no servir a los particulares intereses de los mafiosos, de los violentos y de los gringos.

Para llegar a ese nuevo estado la vía es un acuerdo nacional patriótico refrendado por una nueva Constituyente que haga los ajustes y modificaciones a la Carta Magna en dirección a resolver los graves problemas de exclusión, intolerancia, corrupción y pobreza de la sociedad colombiana. Un acuerdo de los colombianos interesados en una salida pacífica y democrática, partidarios de restaurar el estado social de derecho y la democracia participativa y que contemple la renuncia a la guerra y al crimen como fórmulas de acceso al Poder y de mantenimiento en él. Lo otro es embarcar al país, con la soberbia y la intransigencia de tirios y troyanos, en una guerra interminable que va a destruir más nuestras riquezas y a repetir hechos dolorosos como las masacres de campesinos, el secuestro y el exterminio selectivo de colombianos.

PD - El anterior artìculo fue escrito antes del asesinato de los once diputados del Valle, hecho que repudio y lamento y cuya dolorosa realidad me reafirma en las anteriores apreciaciones.

1 de julio de 2007

* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.

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