Colombia
Reflexiones en
torno a la paz
En una reciente reunión de intelectuales
y escritores colombianos, convocada para escuchar lecturas de cuentos, poemas y
ponencias magistrales sobre la paz, se concluyó con una declaración que muestra
la indignación de los firmantes con los crímenes del paramilitarismo y del
estado pero nada se dice de los crímenes cometidos por los grupos guerrilleros.
Al conocer el borrador de la declaración, le hice saber a algunos de los
asistentes al encuentro que no la firmaría porque no compartía su redacción
sesgada y polarizante y porque más parecía una declaración política contra
Uribe que un llamado de los intelectuales al acuerdo humanitario para liberar a
los secuestrados y a la paz negociada del conflicto. "Ni siquiera en una
asamblea del Polo Democrático Alternativo sería aprobada esa declaración",
les dije a esos amigos en una mesa del restaurante del hotel. Su texto restaba
y dividía en lugar de sumar.
Aunque muchos escritores e
intelectuales importantes, que nada tienen de subversivos, la firmaron, yo no
lo hice porque he llegado a la convicción de que el papel de los intelectuales
en situaciones de conflicto como la nuestra es el de ser mediadores para buscar
soluciones negociadas. El de anteponer los valores del humanismo a los
intereses particulares de las ideologías. El de ser objetivos en la crítica y
no divulgadores de verdades establecidas en los comités de partido. El de ser
enemigos de la guerra y del crimen como fórmula de solución de las diferencias.
El de sentir el dolor de las víctimas y los deseos de paz de la mayoría de los colombianos.
Y guardar distancia de las partes beligerantes para tener autoridad moral para
criticar o apoyar algunas de sus actuaciones y posiciones.
Con esas convicciones me atrevo a
decir que la experiencia de más de cuarenta años de guerra es un argumento más
que contundente a favor de la tesis de que no es posible una solución
revolucionaria por ese medio y menos con procedimientos como el secuestro y
asesinato de civiles, que son rechazados por la población y por amplios
sectores de la izquierda democrática. Pero el hecho de que el gobierno no haya
podido doblegar a la insurgencia armada indica que tampoco él puede imponer a
perpetuidad un sistema que no ha resuelto los problemas sociales y políticos
que le dieron origen a esa insurgencia y menos con medidas laborales lesivas
para los trabajadores y con la connivencia de funcionarios públicos con el
narcotráfico y con grupos armados de extrema derecha. En mi modesta opinión no
veo solución a la guerra y al problema social en el enfrentamiento de los extremismos
de izquierda y de derecha, ni en el poder político de ninguno de los dos. Ambos
deben ceder en sus pretensiones y abrirle paso a una negociación que conduzca a
un nuevo estado democrático que responda a la filosofía de la Constitución del 91 y que tenga como objetivo fundamental satisfacer las necesidades básicas
de la población y promover el desarrollo independiente del país y no servir a
los particulares intereses de los mafiosos, de los violentos y de los gringos.
Para llegar a ese nuevo estado la
vía es un acuerdo nacional patriótico refrendado por una nueva Constituyente
que haga los ajustes y modificaciones a la Carta Magna en dirección a resolver los graves problemas de exclusión, intolerancia,
corrupción y pobreza de la sociedad colombiana. Un acuerdo de los colombianos
interesados en una salida pacífica y democrática, partidarios de restaurar el
estado social de derecho y la democracia participativa y que contemple la
renuncia a la guerra y al crimen como fórmulas de acceso al Poder y de
mantenimiento en él. Lo otro es embarcar al país, con la soberbia y la
intransigencia de tirios y troyanos, en una guerra interminable que va a
destruir más nuestras riquezas y a repetir hechos dolorosos como las masacres
de campesinos, el secuestro y el exterminio selectivo de colombianos.
PD - El anterior artìculo fue
escrito antes del asesinato de los once diputados del Valle, hecho que repudio
y lamento y cuya dolorosa realidad me reafirma en las anteriores apreciaciones.
1 de julio de 2007
* Antonio Mora Vélez, abogado,
escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo. |