Para Collazos
La poeta, narradora y traductora
Anabell Torres,solicita hacer público este mensaje que ya por vía personal
habíamos puesto en manos de su destinatario:
Barcelona, 29 de junio de 2007
Mea culpa público, inmediato e irreversible de Anabel Torres
Querido Oscar,
He leído tu carta escrita con justa indignación sobre la carta suscrita por los intelectuales y artistas. Me temo que la he firmado y no tengo disculpa. Que no me fijé lo suficiente; que me confié por ver aparecer las firmas de anteriores firmantes que respeto y admiro: que me cegaron momentáneamente esas realidades inamovibles del país, que a fuerza de cargar en el corazón como cualquier colombiano silvestre, solemos encerrar en el cuarto de San Alejo interior, porque si no la vida toda no sería soportable; que la leí a destajo y queriendo, por supuesto, suscribir lo que ésta suscribía, pero eso no es disculpa. Como tú dices, esa carta es inaceptable no por lo que decíamos (que plural más vergonzoso), sino por lo que callábamos. El que inocentemente peca, inocentemente se va al infierno. La que peca igual, no es exonerada por su género femenino.
Me opongo incondicionalmente a todas las formas de violencia, intimidación, chantaje, atropellos, encerronas, componendas etcéteras. No me importa si las ejercen la llamada izquierda, o la llamada derecha, hace muchos años ya que me he declarado MANCA como la Venus de Milo del Louvre, aunque muchísimo menos bella. Soy manca en política porque en Colombia no hay como ser otra cosa – y no es sólo en Colombia que se extiende como pólvora ya incendiada la epidemia bélica. Con menos acierto que los pintores que pintan con la boca, o con los pies, y porque éste es mi oficio chiquito – al lado de los otros que debo emprender para ganarme la vida – he seguido enredando palabras siendo manca, y tratando a la vez de desenredar lo que tras ellas se esconde, sin meterme con nada más que no sea el papel, que ya es mucho, y más ahora que el papel es virtual e inagotable. El éxito es secundario pero no la honradez y la integridad. Por eso pido disculpas públicas, y que mi firma sea retirada de la carta en cuestión, y que en caso de no poder ser retirada, se le agregue esta carta como una dolorosa posdata.
No ‘sigo siendo ni he sido nunca complaciente con los métodos de la guerrilla’. Y sí ‘repudio todas las formas de violencia e injusticia, incluyendo, por supuesto, la de la subversión armada’. Pido perdón, aunque no me perdonaré fácilmente yo misma. Es difícil retraer una firma, ya sea de una carta o de cualquier otro documento; por eso yo he caído muy pocas veces en la tentación de afiliarme a nada menos inocuo/positivo que las bibliotecas públicas de los vecindarios donde resido. Gracias, Oscar, por haberme hecho caer en cuenta de este gran error. Estaré más alerta de ahora en adelante, eso sí es seguro, por lo menos mientras no sufra de incontinencia mental años en un futuro.
Es inicuo, en un día como hoy, acabando de ser asesinados como lo han sido once diputados que fueron retenidos a la fuerza durante tantos días, ampararse en ninguna ideología para disculpar la cruel megalomanía de los unos y los otros, de los de acá, de allí, y los de más allá. ¿Hasta dónde puede llegar el cinismo de las FARC que se atreven a dar su pésame a los familiares de los caídos…pero es que no entienden que por ellos estaban allí los que cayeron, y que por ellos siguen estando los demás secuestrados sobrevivientes de esta particular masacre, así, a tiro de los demenciales guerreros? ¿De todos los demenciales guerreros?
Perdónenme. Y también pido perdón por autoproclamarme intelectual o artista… ¿pero de qué vamos? ¿Es más gracia ser artista o intelectual que ser cabales y perseverantes como la gente misma, con todo su coraje y todos sus sueños, esa gente que lucha, anónima, por sus hijos, y hasta por el país, y por la paz, desde su callada vida cotidiana, y desde las desigualdades más acérrimas, y no creer que somos especiales porque de vez en cuando nos suena, o nos ha sonado, la flauta? Sólo que veces nos parece ineludible, imprescindible, asumir posturas claras y contundentes, y la tentación de hacerlo desde el montículo intelectuales y artistas nos seduce como la forma de aprovechar al máximo nuestras espinitas de papel y tinta, las máscaras de valor que hemos logrado conjurar frente a nuestros miedos. Buscamos alzar la voz en aras de la verdad y la justicia, o simplemente la cordura y el sentido común, como si perteneciéramos a un grupo… quizás los oficios del escritor o del artista no es que sean especiales, pero de lo que sí puedo dar fe es de su enorme soledad. Por eso es tan bonito pensar que por una vez el sol se pone sobre una colectividad.
Los pollitos dicen, pío pío, pío, cuando tienen hambre, cuando tienen frío….
Anabel Torres
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