Hola apreciado Fernando y demás amigos:
En Periferia hemos planteado nuestro acuerdo con los terminos de la carta definida colectivamente desde el encuentro y por ello la publicamos en nuestra última edición. En conversaciones con Alvaro Marín, yo le exponía no solo mi malestar por ese gambeteo de algunos intelectuaes a la hora de criticar el estado actual de cosas en el país y especialmente cuando se van a referir a las políticas económicas, sociales y militares de un gobierno como el de Uribe, fiel representante de una cultura mafiosa que se encarnó lamentablemente en los intestinos de muchos colombianos, presiento que no solo de colombianos humildes e ignorantes, sino también de algunos ilustrados y pudientes económica e intelectualmente.
Hoy a mi juicio, no es válido en estas materias, pararse en la mitad y disparar criticas a diestra y siniestra, como si no tuvieramos el más mínimo conocimiento de la historia del país en el que vivimos. ese cuento de condenar la violencia venga de donde venga no se lo creen ni los propios congresistas, abogados y magistrados del establecimiento, porque hasta ellos han estampado en las leyes nacionales la aceptación del uso de la fuerza en legitima defensa.
El país perdió una batalla fundamental cuando aceptó igualar la violencia paramilitar, la del Estado y la de la insurgencia; como si todas fueran una sola. Hasta nuestros candidatos del polo cedieron en ese debate central. Hoy para poder hacer politica en el país hay que reunciar a la historia, a las fuentes ideológicas y a la conciencia, la nueva ola a nivel mundial lo exige. El origen de la insurgencia y sus objetivos, son dimetralmente opuestos a los de los paramilitares y contrarios a las fuerzas militares del Estado que se hicieron precisamente para reprimir cualquier asomo de rebeldía contra el estatu quo, eso lo sabemos todos. Otra cosa es que muchas acciones de la insurgencia deban ser condenadas por irresponsables o brutales y para ello habría que discutir en que sentido y desde que contexto se elabora un documento para debatir con la insurgencia; creo que eso es importante y de hecho es una propuesta; es hora de entablar un debate público y serio con las organizaciones insurgentes en el sentido de que estas puedan dar a conocer y explicar sus propuestas de país, si las tienen, también la razón de sus acciones, de sus practicas, de su sin razón si se quiere. Esto por lo menos permitiría que la democracia se asome en un país donde da risa, por lo menos pronunciarla.
Ricardo Perez
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