Apreciados amigos y amigas.
Lamento no poder asistir a esta
cita que estoy seguro aportará con inteligencia a este proceso de consolidación
de un movimiento cultural en Colombia.
Las diferencias ideológicas y de
criterio en la coyuntura, resultan secundarias si mantenemos como guía el
espíritu de unidad. A mi juicio, el tratamiento del conflicto requiere la
capacidad de tratar cada uno de sus componentes en su estricta pertinencia. Después
del 11 de septiembre con la noción de "terrorismo" el autoritarismo
de todas las estirpes metió en el mismo saco todas las guerras, las
sublevaciones y los anhelos de libertad.
Eso ha hecho Uribe y la cosa no
sería tan grave si esta noción no le arrojara tierra a la historia de un país
agobiado por la exclusión y la violencia más atroz, patrocinada por una clase
dirigente que concibe a la patria como sus mezquinos privilegios. Es demasiada
larga la lucha del movimiento insurgente y en esa prolongada y dolorosa guerra
también son muchas las equivocaciones, las erráticas acciones militares que
empobrecen su política y siembran el desconcierto, el dolor y la desesperanza
en un pueblo que creyó y quizá aún cree, en amplias zonas campesinas, en su proyecto.
Hay una responsabilidad política que reclamarle a la insurgencia, hay que
someter a crítica su militarismo y la usurpación del lugar que le pertenece, en
su lucha por una mejor sociedad, al pueblo colombiano. Pero ante todo, como
intelectuales tenemos la obligación de ofrecer el espacio, de crearlo y de
construirlo, apropiado para un diálogo franco sobre las visicitudes que hoy
sufre este país y que quizá el movimiento guerrillero vade y subestima. Tenemos
que aplaudir que entre nosotros aparezcan estas inquietudes e incluso que se
manifiesten con vehemencia, pero tenemos que ser agudos, rigurosos y audaces
para no meter en el mismo saco todos los componentes del conflicto, tal como el
régimen quiere, pues eso sólo conduce al ocultamiento de las causas y razones
históricas que han suscitado la violencia y la guerra en nuestro país.
Por estas razones, resulta
entusiasta y esperanzadora la reunión en casa de Nicolás, que digámoslo de
paso, posee el espíritu altivo y sereno para servir de anfitrión a todas las
ideas. Quiero insistir en que es necesario avanzar de la denuncia a la
construcción de propuestas, yo anhelo que podamos incidir así sea
tangencialmente en la agenda de las negociaciones, del mismo modo que lo hace la Iglesia o como lo intentan los familiares de las víctimas y de los secuestrados. Hay que
tratar de tener propuestas y buscar la posibilidad de hacer reuniones con los
asesores de Paz y con todos aquellos que de un modo u otro participan de estos
escenarios.
Les deseo un feliz encuentro y
quedo a vuestras órdenes.
Un abrazo
Julián Malatesta
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