Queridos amigos e inolvidables
amigas: he seguido la tentativa del debate que se ha desarrollado en estos días.
Me parece saludable la propensión por encontrar la cercanía y tratar de
respetar con tolerancia la diversidad evidente. Creo que esa es la primera
condición para conseguir niveles de pensamiento y de palabra que superen la
formalidad de estar juntos. Quizá el asunto no es renunciar a ciertos
principios pero si admitir que es posible encarar la realidad sin los esquemas
que han enmarcado las maneras de asumir posiciones frente a problemas que
requieren actitudes. Los discursos son relativos y las líneas programáticas no
alcanzan a delinear lo imprevisible. Tal vez sea necesario sensibilizarse
respecto a las amplias posibilidades de juego libre que tiene el pensamiento y
al nuevo valor de la palabra y el silencio en un mundo donde predominan las
grandes incomunicaciones. El límite no puede seguir siendo el izquierdismo,
militante de CAUCES PERDIDOS o la derechización acomodaticia de algunos que
han preferido las amargas mieles que les arroja el poder. El discurso como tal,
la aplicación de una línea más o menos recta -no necesariamente correcta-, la
declaración forzada en ciertos términos, la conciliación táctica y no el
acuerdo sustancial, presentan desgaste desde las postrimerías del siglo pasado,
cuando el muro de Berlín cayó para siempre y el proyecto del socialismo
soviético se pudo observar en sus justas proporciones simbólicas. La realidad
es ancha y compleja y a comienzos del siglo XXI las relaciones estratégicas del
mundo se han convertido en algo definitivo. Quizá la reacción natural nos lleva
a pensar que crear es posible y que lo creativo es susceptible al encuentro
con la dinámica vital, orgánica, de la historia, cuyo rumbo casi siempre
derriba las previsiones de los mismos historiadores.
Hace falta una mirada amplia, sin
prejuicios, que le otorgue importancia a la imaginación y refresque los
lenguajes. No importa que procedamos de vertientes distintas, podemos
encausarnos en un mismo torrente. Ríos de personas pueden corresponder a la
actitud sincera de los creadores del país, de los artistas de Colombia, de los
pensadores sensibles de una nación que se hunde en la catástrofe y a la vez
repunta de manera terca y necesaria. La poesía es seductora, el arte encanta y
la revolución siempre está sucediendo, independientemente de nuestras
conciencias. El problema está en los rumbos o en las hecatombes de cada día,
donde los seres humanos somos protagonistas.
Este movimiento por la paz y la
convivencia está volviéndose algo viviente, orgánico y la carta suma respaldo.
Eso regocija. Yo estoy en la jugada y podría aportar en los actos públicos,
como marchas, festejos, concentraciones, vigilias, macro performancias que
puedan generarse con multitudes, a partir de emociones colectivas y
significados positivos, como la paz, la justicia, la verdad, el esclarecimiento
histórico o la solidaridad frente a los asuntos concretos del país.
Con afecto y complicidad,
Juan Carlos Moyano
|