Amigas y amigos, queridos desde
la identidad de necesidades y propósitos respecto a la urgencia de la paz a la
que la violencia ha impuesto su mandato desde la invasión europea iniciada en
1492:
Cada quién se expresa desde su
visión y con ello es coherente frente a su sentido ético. Pero el impulso ético
que recientemente nos impulsó a acudir al Encuentro por la Paz de Colombia fue el de aportar compresas para detener en algo este torrente de sangre que
asfixia a todos sin distingos. La guerra no tiene ojos para pensar en quién
merece continuar viviendo un poco más. Eso es a lo que nos comprometimos a
ayudar a parar
lo más pronto.
¿No podríamos, ante la mudez del
intelecto y la poesía de los muertos, ocuparnos de la vida y dejar para después
los placeres de la discusión, como reclamaba Brecht?
Además, el índice acusatorio y
culpabilizante, que todos llevamos dentro, nos seguirá dividiendo hasta que la
muerte quede también desempleada. Entonces no quedarán índices ni para apretar
el último gatillo.
Con el ruego para que
reflexionemos a tiempo, cordialmente,
Jaime Barbin |