Estimados compañeros-as:
Parto por señalar que hay que respetar los acuerdos establecidos en el Encuentro y la carta que se firmó. Creo que ayer nos precipitamos –paradójicamente en aras a la unidad- en abordar un aspecto bastante polémico y complejo, que podía prestarse a diferentes lecturas, en la actual coyuntura política. De hecho así sucedió, en razón a la diversidad de posiciones dentro de la izquierda. No es el momento para tratar este tema: tenemos que centrarnos en lo que nos une y, ante todo, en los intereses generales del país, el logro de la paz y la lucha contra el régimen neofascista. No podemos repetir los errores del pasado. Lo digo como alguien que viene de una larga historia de sectarismo y dogmatismo y que hoy lucha por la unidad de la izquierda.
No podemos ser neutrales frente a la guerra y la barbarie. Asistimos a un genocidio, un etnocidio y un gecocidio infame donde se arrasan pueblos y culturas “con el objeto de establecer economías”. Parodiando a Marx en El 18 brumario “el recuerdo de las generaciones muertas nos oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”. La guerra, el terrorismo de Estado y los elementos de barbarie ya no constituyen la excepción, sino la norma. Los artistas, los trabajadores de la cultura no podemos permanecer indiferentes. Vivimos uno de los momentos más críticos de la historia colombiana, de una crisis sistémica, de una política antidemocrática asentada en la corrupción, el narcotráfico, el paramilitarismo, la violencia, el clientelismo, la violación de los derechos humanos y de una política sostenida en un modelo económico neoliberal dependiente del gran capital trasnacional.
“La cultura y el arte no pueden ser ajenos a esta crisis, los artistas hacemos parte de las contradicciones de la sociedad, estamos insertos en las tramas de significaciones que se han tejido en el curso de la historia, donde la cultura es esa urdimbre. El artista como testigo de su tiempo, es conciencia crítica y no esta desligado de la dimensión de la vida social y política. El arte es un acto de provocación donde se deben dejar las puertas abiertas para la reflexión y la conciencia, que no se desliga del acontecer presente. La cultura y el arte no es un acontecer abstracto que puede despegarse de las condiciones concretas, las necesidades y luchas colectivas. La cultura como manifestación social en la historia de los pueblos es huella y marca donde está escrita nuestra realidad, es esa “matriz consciente e inconsciente, que otorga sentido al comportamiento social y la creencia” y afecta a las estructuras de poder.
Sin duda, quedaron muchos puntos de hondo calado por discutir. Desafortunadamente el tiempo no lo permitió. Ahora lo importante es el logro de los objetivos trazados y acordados. El artista tiene que ser militante de la libertad en contra de todas las opresiones. Logremos un acuerdo que faculte al arte, a la cultura, a la poesía para participar en la lucha emancipadora. Hoy más que nunca es importante agruparnos contra las amenazas, contra la guerra, la injusticia, la globalización, el capital. Este encuentro fue la semilla para hacer germinar la unidad por tantos años esperada. Coincidimos en unirnos en un gran movimiento como lugar para, crear, construir luchar y disentir. Movimiento para acompañar las luchas populares. Frente para dar fin a toda esta farsa siniestra, a esta pulsión delirante y enloquecida que nos rodea y desangra al país.
Adelante. Pongamos punto final –por ahora- al debate de ayer y continuemos en la tarea de difundir la carta y lograr adhesiones.
Fraternalmente,
Diego Arango
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