05/06/2007
Fernando y amigos:
Una intervención: ¿por qué no
vamos al fondo de la discusión?
No nos quedemos en quién firmó o
no, o a qué horas. Las FARC han sido una fuerza revolucionaria desde su
nacimiento, pero en la dinámica de la guerra de tantos años, la guerra misma se
los ha ido comiendo. O si no, ¿qué es una fuerza guerrillera revolucionaria que
asesina dirigentes indígenas, campesinos, negros, que ha cometido masacres y se
alía con el narcotráfico?
Pese a todo, en las FARC hay una
raíz revolucionaria, unos dirigentes en los que estoy convencido, porque
conozco a algunos, que tienen principios revolucionarios y piensan en la
transformación de este país. Pero así mismo, como ellos son lo que son, no
podemos ocultarlo, desconocerlo, negarlo o tratar de tapar lo que no se pude
tapar.
Aceptémoslo. Tenemos una realidad
que no podemos desconocer; trabajemos sobre ella y a partir de ella,
construyamos juntos el país que queremos. Dejémonos de dogmatismos,
esquematismos; aquello que no es políticamente correcto para la izquierda.
Atrevámonos a pensar este país, y a pensar nuestra izquierda.
El país que existe es el que
tenemos. Y en aras de la construcción de un país en el que todo creemos,
entremos en procesos serios de paz y reconciliación.
¿No sería bueno que Raúl Reyes y
Alfonso Cano escucharan las críticas de la izquierda desde la izquierda? ¿Que
supieran que existimos personas que compartimos los mismos ideales, pero que
estamos hastiados de la violencia? ¿Que estamos convencidos de la necesidad de
construir un país en el que todos estamos llamados a estar presentes, y que en
cuanto más seamos será mejor y será más corto el camino?
Abrazos, Guillermo.
Queridos amigos:
Vamos pa´lante. Que en la
diversidad y la discusión crezcamos todos.
Un último aporte. Adjunto el
texto que leí en nuestro encuentro de Medellín, que tiene mucho que ver con
nuestras discusiones. En su lectura estuvo Carlos Gaviria, con quien quedamos
de hablar para ampliar algunos de estos puntos.
Abrazos, Guillermo.
Los intelectuales
y artistas frente al conflicto armado colombiano:
Amarrar los egos
para construir país
Por Guillermo González Uribe
Director de revista Número
Necesitamos afinar las voces y
afinar los medios. No basta con informar o con gritar.
Necesitamos conocer cada día más
lo que ocurre en las entrañas de este país, para poder contarlo en forma tal
que llegue a muchos oídos, a muchas conciencias y a muchos corazones, a través
de medios que cada día lleguen a más personas, y que esas personas en lugar de
ser receptores pasivos, se conviertan en multiplicadores de ideas, reflexiones,
creaciones y acciones.
Necesitamos que nuestro
pensamiento y nuestro trabajo respondan a ese conocimiento profundo del
entorno, y que aprehendamos y aprendamos más de los lenguajes creativos que
cada uno de nosotros maneja.
No basta con tener la razón o no
tenerla, o tenerla a medias. Se ha repetido que los senderos del arte están
llenos de cadáveres de obras que se quedaron a mitad del camino, porque así sus
intenciones fueran buenas, no alcanzó el impulso de conocimiento y creación
para convertirlas en piezas maravillosas que llegaran a muchos espacios y que
perduraran en el tiempo.
¿Cómo podemos contribuir desde la
reflexión, el arte y los medios a superar esta profunda crisis por la que
atraviesa el país?
¿Cómo superar la soledad y la
impotencia ante tanta ignominia, ante tanta mentira, ante tanta farsa?
Aunque la crisis viene de tiempo
atrás, en el presente cercano se remonta a la violencia de los años cuarenta
del siglo pasado, y se concreta hoy en el destape masivo del genocidio
paramilitar que en los últimos años arrojó el asesinato de cerca de 30 mil
colombianos.
Ese destape ha llevado a que
aquello que muchos conocíamos o intuíamos, hoy se difunda en los medios masivos
de comunicación. Pero además de difundirse, se justifica el accionar criminal,
y tal como lo señaló un encuesta de la revista Semana a comienzos del mes de
mayo pasado, una parte importante de la opinión publica ―que es la que
mueve la opinión y la política en el país―, llega inclusive a justificar
el genocidio y a señalar que era el único camino de combatir a la guerrilla.
Sigamos por este camino. ¿Cómo es
posible que más de un 70% de la opinión pública esté de acuerdo con un
presidente que ha entregado parte de las empresas nacionales al capital
privado, que ha recortado dominicales, horas extras, festivos y pensiones a
grandes capas de la población asalariada; un presidente que personalmente y a
través de los integrantes de su equipo de gobierno insulta a sus opositores,
los difama y los manda a la picota pública para que caigan en manos de quienes
los amenazas o los asesinan? ¿Un presidente que ha tenido una posición
genuflexa frente a Estados Unidos, siendo, por ejemplo, el único país del sur
de América que apoyó la invasión a Irak, y que marcha en contravía de las
corrientes de independencia y pensamiento propio que hoy recorren esta parte
del mundo? ¿Un presidente sobre el cual cada día crecen más las dudas nacional
e internacionalmente por su cercanía y la de su círculo más estrecho con el
paramilitarismo asesino?
Para cuestionar esta aberrante
realidad no bastan la descalificación, la crítica despiadada o el dardo certero
que apenas rozan a quien hoy encarna esta política, el presidente Uribe. Y
desde la simple racionalidad tampoco se puede comprender este fenómeno. Es necesario
ir al fondo para entenderlo, hacer como el mecánico que desbarata la maquinaria
del aparato, y sólo cuando la conoce de verdad, a fondo, es capaz de volverla a
armar a su antojo. Y es necesario ser capaces de ir al fondo de las
situaciones, así duela, para desentrañar orígenes, causas y consecuencias que
las provocan para buscar soluciones reales y posibles.
Lo que cada vez resulta más claro
es que un sector de la clase dirigente prefiere crear grupos asesinos,
mantenerlos y ocultarlos antes que ceder un ápice de su poder. Un sector de la
clase dirigente, hoy en el poder, aliada con el paramilitarismo y el
narcotráfico que utiliza las Fuerzas Armadas del Estado para reprimir la
protesta social mediante el asesinato selectivo y las masacres.
Así mismo, existe una guerrilla
que despertó simpatía en muchos en los años 70 por la justeza de sus luchas,
pero que en el desgaste de la guerra ha caído en prácticas inhumanas, como el
asesinato, las masacres, el secuestro y las alianzas con el narcotráfico –cuyos
dineros corrompen todo lo que tocan― para mantener su poder y el control
sobre diversas regiones, y que hoy es una excusa para el accionar asesino del
poder y se ha convertido en lastre para el avance de las fuerzas progresistas
democráticas.
De otra parte, existe una masa
crítica, un sector analítico de la población, en crecimiento, que ve con
claridad la situación nacional y que es consciente de la necesidad de una
salida negociada al conflicto.
Pero también es cierto que la
mayoría de la población está obnubilada por el accionar del presidente Uribe,
un ser inteligente, un indiscutible líder de derecha, que sabe manejar el
discurso y los medios, y que cuenta con el apoyo de buena parte de los medios
masivos de comunicación.
La pregunta entonces es, ¿cómo
lograr llegar cada vez más a sectores más amplios de la población con ideas,
obras y acciones que logren permear las conciencias y cambiar el equilibro de
fuerzas?
No basta informar. De información
estamos llenos. Es necesario fortalecer y crear canales y medios de
comunicación que posibiliten el diálogo, la discusión, la creación, la
exposición de puntos de vista diversos, de miradas transversales de la
realidad. Que den paso a voces divergentes, a historias, planteamientos,
análisis que permitan ver con mayor claridad la realidad que vivimos y las
posibles salidas a las crisis. Que, además, no muestren sólo el desastre que
nos arrasa sino también las riquezas de nuestra cultura, de nuestras gentes y
de nuestro territorio, y de lo que nos estamos perdiendo, lo que se está
destruyendo a causa de la guerra, de la intransigencia y de esas miradas
excluyentes que empobrecen la existencia del ser humano.
Existen tres caminos concretos
para lograr difundir y consolidar el pensamiento y la creación alternativa. Es
imperativo consolidar los pocos medios independientes que existen en el país.
Así mismo, apropiarse de ese relativamente nuevo medio que es Internet, y por
último, penetrar, hasta donde sea posible, y masivamente, los medios de
comunicación. No basta con hacer esfuerzos en uno solo de estos sentidos; es
necesario combinar las tres acciones para que a mediano plazo logremos ese
añorado cambio de correlación en las fuerzas de opinión que mueven el país.
En cuanto a los medios
independientes, es labor de todos y cada uno de nosotros que nuestros medios
funcionen. Que sean más hermosos, atrayentes y masivos. Que lo que digamos
tenga la claridad, la fuerza y la belleza necesarias para dejar algo en
aquellos a quienes lleguemos. Que seamos cada vez más profesionales en el
manejo de estos medios para que no sólo sobrevivan sino que se conviertan en
algo así como puntas de lanzas que lleguen lejos y con eficiencia y penetren y
perduren.
Crear redes entre estos medios
para que se multiplique lo que dicen, y que sean abiertos para que más gente
pueda participar en ellos. Que el público se sienta partícipe y parte de estos
medios. Que los apropie.
Hay que hacer hincapié en la
necesidad de superar la informalidad en el trabajo en estos medios, para que
sean más profesionales y eficientes.
En cuanto a Internet, es una
posibilidad ilimitada de llegar a muchos sectores de la población, no sólo en
el país sino en todas partes del mundo, con esas ideas, propuestas, obras y
reflexiones. Hay que apropiarse de Internet. Un solo ejemplo, en el caso
nuestro, de revista Número, hemos venido creando un correo masivo que tiene hoy
18 mil direcciones, y espichando una sola tecla podemos llegar a esas 18 mil
personas con la información que queremos difundir. Pero este es un ejemplo casi
ridículo, frente a lo que es la capacidad de Internet.
En el caso de Estados Unidos, los
blogs o páginas personales han llegado a tener tanto poder que han logrado ya
la caída de varios funcionarios de la administración pública.
Es cierto que la red está llena
de basura, pero también que muchas cosas importantes están pasando por
Internet. En Colombia el pensamiento alternativo aún no ha visto la importancia
y las gigantescas posibilidades de utilización que tiene este medio para
quienes consideran que otros mundos son posibles.
Sobre los medios masivos, sabemos
que en su mayoría sirven a los intereses del poder establecido. Pero también es
cierto que en diversos países las poderosas redes de usuarios de los medios
llegan a incidir en sus contenidos.
El llamado es a bombardear esos
medios a diario con opiniones, conceptos e informaciones divergentes. La
participación de la sociedad civil es la única que puede contribuir a cambiar
el rumbo de estos medios.
Un aspecto adicional es que en
este mundo globalizado ya no se puede mantener oculto lo que un sector
dirigente quiera hacer aisladamente con el país al que gobierna. En el caso
colombiano, donde la administración del presidente Uribe despectivamente deja a
un lado las opiniones y las críticas de los nacionales, lo único que de verdad
la toca, por ahora, y la ha movido, son las críticas y los planteamientos de
políticos y medios de Estados Unidos. Por tanto también es necesario
multiplicar y difundir esos planteamientos al interior del país, pues
contribuyen a mostrar que las críticas no provienen de sectores aislados y
resentidos, como les gusta señalarlos, sino que son compartidas por poderes tan
grandes como la bancada demócrata en Estados Unidos o medios tan influyentes
como el Washington Post y el New York Times.
Hay algo que engloba todo lo
anterior. Nuestra labor, la de periodistas, artistas e investigadores pasa por
contribuir a la construcción de ciudadanía, de tejido social; a la
consolidación del pensamiento crítico, de organizaciones, de redes. Solos no
hacemos nada. Solos somos como briznas de arena que se lleva el viento. Unidos
podemos contribuir a dar forma a movimientos sociales, políticos y de opinión
que logren torcer el rumbo del desangre de este país.
Pero para ello es necesario
superar los individualismos cerrados, amarrar los egos para controlarlos,
superar las rencillas personalistas que tanto nos desgastan, hacer alianzas,
trabajar en llave, dejar a un lado los hegemonismos, consolidar un sector
cultural fuerte, maduro, lleno de diferencias en los enfoques, en los
planteamientos, en los puntos de vista, pero unido y afianzado en el propósito
común de construir un país más amable para todos, en el que podamos convivir
dentro de la diferencia sin matarnos por ella. De esta forma podremos ofrecer
caminos alternativos a tantas personas que piden salidas, orientación para no
quedarse rumiando solas su ira.
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