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Debate

Junio 04 de 2007


Re: Carta de los intelectuales y artistas por la paz de Colombia

Querida Marisol:

Recibí la "Carta de los intelectuales y artistas por la paz en Colombia" y la leí cuidadosamente. Te voy a ser sincero:  pondría mi firma en cada uno de los puntos allí mencionados; acompañaría a  los respetable intelectuales y artistas que ya firmaron el documento, pero no lo hago porque la firmeza con que se condena a una de las partes en conflicto ignora las atrocidades de la otra parte, las guerrillas, cuyo proyecto "revolucionario" naufragó hace tiempo en la infamia del secuestro y en el negocio criminal del narcotráfico, en las acciones terroristas contra la población civil y en la homologación pragmática con los métodos de sus enemigos.

Es cierto  que la verdad es inseparable de la justicia y que si no hay reparación a las víctimas de estas sucesivas atrocidades, no habrá proceso de "justicia y paz" verdadero: los ciclos de la violencia se encadenarán nuevamente por medio de nuevas y acaso más terribles formas de justicia privada.

También yo, como quienes han firmado la carta, veo con preocupación el desenlace de un proceso con altos ingredientes de impunidad.

Pero "estos tiempos de barbarie" no sólo tienen como protagonistas y culpables a las fuerzas del Estado y al paramilitarismo: las guerrillas han contribuido también al crecimiento y reproducción de esa barbarie. Y de esto no se habla explícitamente en la Carta. 

La Carta sólo hace una mención abstracta al "secuestro", practicado también por la delincuencia común, la subversión armada y el paramilitarismo. Su sola mención no basta para recordar que ésa es una de las fuentes de financiación de las guerrillas y un medio atroz para acumular capital político que sirva en futuras negociaciones con el Estado. No habrá claridad en la búsqueda de nuevos espacios democráticos si los intelectuales y artistas no empezamos por deconstruir uno de los mitos que, desde la izquierda, contribuimos a construir: el de supeditar los cambios radicales de la sociedad a la necesidad  "de todas las formas de lucha. "

Fuerzas del Estado se ampararon en un recurso parecido para practicar actos terroristas contra la población civil o para subcontratar con organizaciones criminales, mal llamadas de "autodefensa", la eliminación de alternativas democráticas distintas a las tradicionales. Todo esto ha de caber en el espacio de una reflexión sobre aquello que condenamos y aquello que deseamos para el inmediato futuro.  

La Carta habla de la necesidad de "un acuerdo humanitario", "primer paso para la necesaria e inaplazable construcción de la paz."

No puedo por menos que estar de acuerdo con esta formulación, pero nunca será inútil recordar que los secuestradores han sido los movimientos al margen de la ley y que las condiciones de un acuerdo humanitario no excluyen la gravedad del crimen de lesa humanidad que la guerrilla ha venido cometiendo y que no puede ser llamado eufemísticamente "retención.". Si se le exige claridad al Estado, no menos claridad debe exigírsele a la subversión. 

La Carta de "los intelectuales y ariistas"(¿por qué esa generalización si sólo compromete a quienes la firman?) no hace mención a estos aspectos revelantes en cualquier llamado a "la paz de Colombia." 

Prefiero pensar que la Carta está animada por un sincero sentimiento de indignación y por un claro propósito de abrir puertas a los debates democráticos, y no por la visión sesgada de nuestros conflictos. Reconozco la honestidfad y el valor civil de quienes la firman, pero, te repito, falta allí la condena a una de las partes en conflicto.

Con un fuerte abrazo,

Óscar Collazos 

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