Re: Carta de los intelectuales y artistas por la paz de Colombia
Querida Marisol:
Recibí la "Carta de los
intelectuales y artistas por la paz en Colombia" y la leí cuidadosamente.
Te voy a ser sincero: pondría mi firma en cada uno de los puntos
allí mencionados; acompañaría a los respetable intelectuales y
artistas que ya firmaron el documento, pero no lo hago porque la
firmeza con que se condena a una de las partes en conflicto ignora las
atrocidades de la otra parte, las guerrillas, cuyo proyecto
"revolucionario" naufragó hace tiempo en la infamia del secuestro y
en el negocio criminal del narcotráfico, en las acciones terroristas
contra la población civil y en la homologación pragmática con los métodos
de sus enemigos.
Es cierto que la
verdad es inseparable de la justicia y que si no hay reparación a las
víctimas de estas sucesivas atrocidades, no habrá proceso de "justicia
y paz" verdadero: los ciclos de la violencia se encadenarán
nuevamente por medio de nuevas y acaso más terribles formas de
justicia privada.
También yo, como quienes han
firmado la carta, veo con preocupación el desenlace de un proceso con altos
ingredientes de impunidad.
Pero "estos tiempos de
barbarie" no sólo tienen como protagonistas y culpables a las fuerzas del
Estado y al paramilitarismo: las guerrillas han contribuido también al
crecimiento y reproducción de esa barbarie. Y de esto no se habla
explícitamente en la Carta.
La Carta sólo hace una mención abstracta al "secuestro",
practicado también por la delincuencia común, la subversión
armada y el paramilitarismo. Su sola mención no basta para recordar que
ésa es una de las fuentes de financiación de las guerrillas y
un medio atroz para acumular capital político que sirva en
futuras negociaciones con el Estado. No habrá claridad en la búsqueda de
nuevos espacios democráticos si los intelectuales y artistas no empezamos
por deconstruir uno de los mitos que, desde la izquierda, contribuimos a
construir: el de supeditar los cambios radicales de la sociedad a la
necesidad "de todas las formas de lucha. "
Fuerzas del Estado se ampararon
en un recurso parecido para practicar actos
terroristas contra la población civil o para subcontratar con
organizaciones criminales, mal llamadas de "autodefensa", la
eliminación de alternativas democráticas distintas a las tradicionales.
Todo esto ha de caber en el espacio de una reflexión sobre aquello que
condenamos y aquello que deseamos para el inmediato futuro.
La Carta habla de la necesidad de "un acuerdo humanitario", "primer paso para la
necesaria e inaplazable construcción de la paz."
No puedo por menos que estar de
acuerdo con esta formulación, pero nunca será inútil recordar que los
secuestradores han sido los movimientos al margen de la ley y que las
condiciones de un acuerdo humanitario no excluyen la gravedad del crimen
de lesa humanidad que la guerrilla ha venido cometiendo y que no puede ser
llamado eufemísticamente "retención.". Si se le exige claridad al
Estado, no menos claridad debe exigírsele a la subversión.
La Carta de "los intelectuales y ariistas"(¿por qué esa generalización si sólo
compromete a quienes la firman?) no hace mención a estos aspectos revelantes
en cualquier llamado a "la paz de Colombia."
Prefiero pensar que la Carta está animada por un sincero sentimiento de indignación y por un claro propósito de
abrir puertas a los debates democráticos, y no por la visión sesgada de
nuestros conflictos. Reconozco la honestidfad y el valor civil de quienes
la firman, pero, te repito, falta allí la condena a una de las partes en conflicto.
Con un fuerte abrazo,
Óscar Collazos |