Artistas e
intelectuales por la paz
Por: Fabio Martínez
Un país con tres millones de
desplazados, tres mil secuestrados y miles de fosas comunes regadas a lo largo
y ancho de nuestra geografía son cifras escalofriantes para cualquier ciudadano
desprevenido que tenga un mínimo de sensibilidad humana.
Esta situación fue la que nos
llevó a un centenar de artistas e intelectuales del país a aceptar la
invitación que nos hizo la revista de poesía “Prometeo” que dirige el poeta
Fernando Rendón, para que nos reuniéramos y pensáramos el país.
El resultado de esta reunión
realizada en Medellín, y que se alternó con lecturas de poesía y música, dio
como resultado una “Carta de los intelectuales y artistas por la paz de
Colombia”, que hoy cuenta con más de dos mil firmas nacionales e
internacionales.
El Encuentro de Medellín es
apenas el comienzo de un movimiento amplio y unido por la paz de Colombia que
así como condena la barbarie cometida por los grupos de autodefensas, así mismo
condena el secuestro y la muerte cometidos por los grupos guerrilleros.
El Movimiento no quiere caer en
las posiciones binarias y polarizadas en que se encuentra sumido el país; que
en vez de hacer claridad sobre nuestros profundos problemas, lo que hace es
confundir a la opinión pública y confundirnos entre nosotros.
Los artistas e intelectuales del
país tienen la responsabilidad moral de dar luces de navegación sobre el
presente y el porvenir del país, y no crear más confusión.
Si estamos contra la muerte,
somos claros en condenar los asesinatos y las masacres, vengan de donde vengan.
Por esta razón, el Movimiento de
Artistas repudió el asesinato de los once diputados del Valle cometidos por las
Farc.
Si estamos contra el secuestro,
somos enfáticos en condenar el secuestro venga de donde venga.
Pero no por el hecho de condenar
el secuestro, vamos a caer en la posición maniquea de algunos intelectuales,
que al condenar el secuestro y las muertes realizadas por la guerrilla,
enseguida se ponen del lado de Uribe y de los paramilitares.
Es tan repudiable la muerte de
los once diputados del Valle cometida por las Farc como las miles de fosas
comunes sembradas por Rodrigo Tovar Pupo y compañía.
Por esta razón, en la Carta de Medellín los firmantes abogamos porque el país busque la verdad; la verdad que está
“ligada a la memoria y es a la vez la justicia que no ha existido en toda la
historia de Colombia”.
Propugnamos por la paz en
Colombia. Y la paz, como dice el poeta Jotamario, no se hace con fierros. Se
hace con ideas, con imaginación y con pensamiento.
Por esto, la carta propugna por
el Acuerdo Humanitario. Acuerdo que ha sido torpedeado tanto por Uribe como por
las Farc.
Es necesario que las partes en
cuestión se sienten a dialogar y liberen a los miles de colombianos que hoy
están privados de libertad. Que se sienten en un pueblo, en un hotel, en una
embajada, en una banca o en un parque; pero que se sienten para que el fuego de
la guerra cese, y podamos vivir en paz y construir un país mejor.
Por esto, la Carta de Medellín invitó a todos los artistas e intelectuales sin excepción para “conformar
una resistencia por la cultura de la vida, la tolerancia y la justicia”.
El movimiento apenas comienza.
Pero desde ya se percibe una atmósfera de unidad entre sus miembros. Unidad en
la diversidad. Por esto, son bienvenidas las opiniones y la crítica por parte
de los escritores. Pero solo aceptamos la crítica constructiva, como la que
hizo Óscar Collazos en su columna de El Tiempo y no la crítica perversa y
tendenciosa de Harold Alvarado Tenorio.
Aceptamos la crítica; pero lo más
importante es tener confianza en nosotros mismos y en el Movimiento.
Nuestro porvenir como artistas y
como escritores depende de si hacemos de Colombia un paraíso o un infierno. |