Las fuentes
envenenadas
Por Jotamario Arbeláez
Ahora que estoy escribiendo el
prólogo acerca de los doce premios Nobel que ha recibido la región del Gran
Caribe, de los cuales son seis de Literatura, tres de Paz, uno Economía, uno de
Fisiología y Medicina y uno de Química (1), me doy cuenta que el glorioso
descubrimiento de América se inaugura con un tumbis monumental.
Los reyes habían
ofrecido al primer marinero que avistara tierra la merced de 10.000 maravedíes.
Y el gran Almirante, la noche anterior al descubrimiento, ofrece un jubón de
seda a quien primero vea tierra. Pero recién pasada la medianoche, con lo
visionario que es, siente que ve una lucecilla en medio de las tinieblas. Y
hace cómplice al repostero Pero Gutiérrez, quien dice que no ve nada. Como
tampoco ve nada el veedor Rodrigo Sánchez. Cuando a las 2 a.m., desde el palo mayor, Rodrigo de Triana grita ¡Tierraaaa!, ya el genovés se ha hecho con el
botín. Que cobra a la reina. Desde entonces, con este robo, quedará como un rabo
entre la marinería.
Si eso pasó con el
primer hombre que tocó nuestro suelo, y que es considerado -después de Dios- el
ser que más territorio le ha otorgado a la humanidad, ¿qué podemos esperar con
la cáfila de sus descendientes, que además se fueron tiñendo de indio y de
negro?
Hemos pasado de
latrocinio en latrocinio de generación en generación. Nos hemos robado las
tierras, las casas, las propiedades, los bienes, las joyas, las carteras y las
mujeres. Muchas veces para consumar el latrocinio rematamos con el asesinato de
la víctima del timo. O la víctima tiene la suerte de disparar primero. Como a
nadie le gusta que lo roben, de allí se ha desprendido nuestra violencia.
Siguiendo con los
tiempos de la conquista caribe, años más tarde el descubridor de la Otra Mar, Vasco Núñez de Balboa, quien con una sola mirada dobló la extensión del mundo, fue
decapitado por orden de la envidia de Pedrarias Dávila, y la ejecución le fue
encargada a Pizarro, quien hasta entonces había sido como su hermano. Curioso
antecedente, en el Urabá, de los ajustes de cuentas entre hermanos paracos.
Con este crimen,
prodigiosamente narrado en la obra Balboa, el polizón del Pacífico, de Fabio
Martínez, se inaugura una racha macabra, que los historiadores modernos apuntan
a que se inicia con el asesinato de Gaitán. Venimos con la sangre al cuello
desde la fuente. Y como a nadie le gusta que lo maten, algunos se deciden por
matar primero.
Algunos comenzaron
por robar la tierra, y muchos se quedaron sin tierra. Y no solo se quedaron sin
tierra sino que se quedaron sin piso. Y tuvieron que moverse como desplazados,
como parias, como exiliados. Algunos organizaron su defensa que se fue
volviendo ofensiva. Y acudieron a métodos violentos para reclamar lo suyo. Pero
como los otros no eran bobos organizaron a su vez otras defensas, que
terminaron por utilizar una violencia aun más atroz. Y entre violencia y
violencia pagamos todos.
Así las cosas, cuando
alguien denuncia un crimen cometido por un bando, saltan personas incluso bien
intencionadas a reclamar que por que no se denuncian los crímenes del otro
bando. O sea que la única posición aceptable es estar contra bando y bando.
Porque no se reciben quejas por desafueros unilaterales. Deben venir en
paquete. La pretendida búsqueda de concordia se resuelve así en una tercera
fuerza en discordia. Que termina por ser condenada al unísono por los aliados
de los dos denunciados.
Tengo clara esta
situación con la reciente factura de la ‘Carta de los intelectuales y artistas
por la Paz de Colombia’. Que faltó algo. Dicen los líderes de opinión, las amas
de casa, los que no están con unos ni otros porque han sido víctimas de unos y
otros. Pues bien, para no dar más vueltas, debo anunciar que el comité
coordinador del ‘Movimiento mundial por la paz de Colombia’, que ya aglutina
920 firmas de 69 países (3), ha aprobado insertar la siguiente frase:
“Condenamos todo acto violatorio
al Derecho Internacional Humanitario por parte de la guerrilla, como son el
secuestro, los ataques directos o indirectos contra poblaciones inermes y el
mantenimiento de rehenes en condición infrahumana. Declaramos execrable la
muerte de los 11 diputados en su poder. Reclamamos la voluntad y disposición
expresas de la insurgencia y del Gobierno para realizar el ya impostergable
Acuerdo humanitario. Consideramos la Comisión Internacional de Encuesta, propuesta por los países amigos, una herramienta válida
para esclarecer los hechos que terminaron con la muerte de los 11 diputados del
Valle".
Saint John Perse (Guadalupe.
P.N.L. 1960), Miguel Ángel Asturias Guatemala. P.N.L. 1967), Gabriel García
Márquez (Colombia. P.N.L. 1982), Octavio Paz (México. P.N.L 1987), Derek
Walcott (Santa Lucía. P.N.L. 1992), V.S. Naipaul (Trinidad y Tobago. P.N.L.
2001), Víctor García Robles (México. P.N.P. 1982), Oscar Arias (Costa Rica.
P.N.P. 1987), Rigoberto Menchou (Guatemala. P.N.P. 1992), Sir William Lewis
(Santa Lucía. P.N.E. 1978), Baruj Benacerraf (Venezuela. P.N.F y M. 1980) y
Mario J. Molina (México. P.N.Q. 1995).
Usted también puede firmar.
Diríjase a Fernando Rendón: contralamuerte@hotmail.com |