El país está de
luto
Por: Fabio Martínez
Repudio nacional e internacional
recibieron las Farc por el asesinato de los once diputados del Valle. No era
para menos. Después de haber estado secuestrados durante cinco años los once
diputados fueron vilmente ejecutados por esta organización guerrillera.
Rabia e indignación porque los
once dirigentes del Valle fueron víctimas de dos delitos de lesa humanidad que
hoy corroen a nuestra sociedad: el secuestro y la muerte.
Pero la situación es aún más
grave. De alguna manera, los once diputados que fueron elegidos popularmente,
eran los garantes de un posible acuerdo humanitario entre el gobierno del
presidente Uribe y las Farc.
Con el asesinato de los
diputados, dicho acuerdo, que no ha sido comprendido por las dos partes, quedó
cuestionado.
Por una parte, el gobierno del
presidente Uribe ha insistido en la tomar militar de los rehenes. Por otra
parte, la guerrilla insiste en el despeje de Florida y Pradera.
Estas dos posiciones se han
venido polarizando y el resultado final fue el sacrificio de los once
diputados.
Por más cruenta que sea una
guerra, las dos partes en cuestión deben aceptar el acuerdo humanitario. Pero
en Colombia, infortunadamente, nunca se ha comprendido esto.
Como sucedió en las guerras de
Bosnia y el Medio Oriente, las dos partes en conflicto se pueden sentar a
conversar para acordar la liberación de rehenes. Esto no significa la
claudicación de una parte sobre la otra. Tampoco implica el fin del conflicto.
Significa que en toda guerra hay que tener una visión humanizada del conflicto.
Hay que hacer canjes de rehenes e intercambios humanitarios; en primera instancia,
para proteger la vida de los ciudadanos; en segunda instancia, para que el
conflicto no se deshumanice. Y esto último es lo que nos está sucediendo en el
país.
¿Qué hacemos con el dolor de los
familiares de las víctimas? ¿Cómo vamos a repararlo? ¿Qué vamos a hacer con los
3000 ciudadanos que siguen secuestrados en las selvas del país? ¿Vamos a seguir
avivando el fuego de la guerra y sacrificando a miles de ciudadanos inermes que
solo quieren vivir en paz?
Un país con más de 3000
secuestrados, con los índices de corrupción más altos de América latina, y con
cientos de fosas comunes a lo largo y ancho de su geografía, es sencillamente
inviable.
La tragedia de los once diputados
del Valle demuestra que la falta de un acuerdo humanitario en Colombia pone en
riesgo la vida de Íngrid Betancourt y la de los miles de secuestrados.
Por esta razón, naciones como
Francia, España y Suiza cada día ponen los ojos sobre el país y presionan para
que se logre un acuerdo humanitario.
Porque comprenden que el acuerdo
es una cuestión de humanidad. No es político.
Sin un acuerdo humanitario cada
día el conflicto, como una bola de nieve, se irá degradando; como se ha
degradado en los últimos años.
Pero parece ser que esto no es
claro entre nosotros. La violencia ha venido anestesiando el corazón de los
colombianos.
Hoy más que nunca todos debemos
unirnos al dolor de los familiares de los diputados que le piden a la guerrilla
que les devuelvan sin condiciones los cuerpos de sus familiares asesinados.
Es necesario que la sociedad en
su conjunto se pronuncie y salgamos a la calle a condenar el secuestro, las
masacres colectivas, y a luchar por la paz del país. |